Siempre estamos casi en nuestra meta, pero hay algo que nos impide llegar. Es como un cordón que llevamos atado en la cintura de un largo determinado que termina justo antes del final, impidiéndonos continuar, y así vemos a los demás avanzando, mientras nosotros retrocedemos. Los vemos llegar antes y quedarse con nuestros propósitos.
Y es de esta forma, en la que nosotros vemos caer nuestros sueños, y caemos con ellos.
Es de esta manera con la cual nos sentimos perdedores y abandonamos todo, sin buscar nuestra revancha.
Es así como permitimos que todo lo que venimos queriendo hace mucho tiempo, se lo quede otro, sin importar cuanto lo anhelábamos.
No es justo dejarlo ir todo, sin esforzarse para que sea tuyo. Arriésgalo todo, no dejes que se escape fácil de ti. Juégatelas todas las veces que sea necesario, hasta obtenerlo o hasta cansarte de pelearlo, pero nunca lo abandones sin intentarlo.
No debemos dejar que otros disfruten de nuestra derrota. Tampoco debemos permitir abandonar nuestros sueños, y empezar otros, sin intentar cumplirlos. No es suficiente ni tampoco alcanza acumular deseos incumplidos. No valen nada, ni nos dejan ningún recuerdo valedero.
Es necesario conseguir nuestras revanchas, aunque perdamos una y otra vez, nuevamente.
Es un deber pelear por lo que en verdad queremos. Aunque al final, puede que lo veamos irse. Al menos, tenemos la tranquilidad de saber que hicimos lo que pudimos para conservarlo y para que sea nuestro.
¿Y vos, qué estás haciendo? ¿No ves qué estás perdiendo el tiempo y podes no llegar?
Y es de esta forma, en la que nosotros vemos caer nuestros sueños, y caemos con ellos.
Es de esta manera con la cual nos sentimos perdedores y abandonamos todo, sin buscar nuestra revancha.
Es así como permitimos que todo lo que venimos queriendo hace mucho tiempo, se lo quede otro, sin importar cuanto lo anhelábamos.
No es justo dejarlo ir todo, sin esforzarse para que sea tuyo. Arriésgalo todo, no dejes que se escape fácil de ti. Juégatelas todas las veces que sea necesario, hasta obtenerlo o hasta cansarte de pelearlo, pero nunca lo abandones sin intentarlo.
No debemos dejar que otros disfruten de nuestra derrota. Tampoco debemos permitir abandonar nuestros sueños, y empezar otros, sin intentar cumplirlos. No es suficiente ni tampoco alcanza acumular deseos incumplidos. No valen nada, ni nos dejan ningún recuerdo valedero.
Es necesario conseguir nuestras revanchas, aunque perdamos una y otra vez, nuevamente.
Es un deber pelear por lo que en verdad queremos. Aunque al final, puede que lo veamos irse. Al menos, tenemos la tranquilidad de saber que hicimos lo que pudimos para conservarlo y para que sea nuestro.
¿Y vos, qué estás haciendo? ¿No ves qué estás perdiendo el tiempo y podes no llegar?