No sé por qué, pero estas cosas sólo me pasan a mí. Siempre soñé con escuchar esas cosas tan lindas de boca de la persona que yo quería. Siempre quise saber que sí era
verdad, que todo lo que decía, de verdad lo sentía. Pero nunca me pasó. Siempre existía en mí esa duda de autenticidad de amor que todos decían darme, pero nadie supo entregarme en realidad.
Yo ya estaba resignada a todo idea de volver a “gustar” de un chico en esta edad, porque el saber la idea de que todo es un juego para los demás me producía cierto rechazo a todo hombre que sentía, podía enamorarme.
Estuve siempre a la defensiva, procurando no sobrepasar la barrera que yo misma me impuse. Aunque no faltaba oportunidad donde cruzaba por mi mente el pensamiento de volver a caer una vez más en las redes de los hombres, si es que así se les puede llamar. Es que, a pesar del dolor que me causaba querer a alguien que no me miraba con los mismos ojos que yo a él, me sentía completa. Sentía que tendría más motivos para culpar a una depresión que ni yo misma sabía por qué la tenía… Creía que así, poseería más motivos para explicar el autoestima tan bajo que tenía, cuando no quería dar las verdaderas causas…
Y tanto método de protección contra algo “absurdo” en realidad, que tarde o temprano iba a pasar, me resultó mal. Porque, por querer evitar que gente que yo no conocía pueda engañarme y lastimarme, me olvidé de que también había gente a mí alrededor, con la que me podía pasar lo mismo. Y mucho menos, se me ocurrió pensar, que eso que tanto yo esperaba oír de alguien, me iba a suceder con la persona menos pensada, y que esa persona era la incorrecta. Y en realidad, esa parte ya no corría por mí, porque no era mi culpa “enamorar” a alguien que no debía, porque los sentimientos no dependen de uno en sí. Pero, ya dependía de mí, el hecho de responder con el mismo sentimiento a esa persona, por más que mi voluntad dijera no y mi inconsciente sí. Y el hecho de no saber lo que en verdad siento, y ver que él si me quiere, me hace dudar si en verdad quiero ser fuerte y poder decir que no al nuevo sufrimiento, o decir que sí, y entregarme sin importar todo el esfuerzo que hice para no volver a sentir nada por alguien que tampoco lo sentía por mí.
Y a pesar de las reiteradas veces de repetir lo mismo, me sigue haciendo dudar si sus palabras son ciertas o no, y es tal la desconfianza que me produce todo, creo que me voy a pasar el tiempo tratando de deducir los sentimientos de los demás, mientras yo me enamoro, y él se olvida.
Y quizás, te preocupas tanto por protegerte de algo que es tan natural, que te olvidas de vivir lo que te está pasando… Cosas que ya no vuelven más, porque es cuestión de la edad. Y aunque a la mayoría le suene absurdo asociar la “edad” con el “amor”, siempre pasa. Y no por ser más grande o más chico, no lo vas a sentir, o no te va a doler. No por ser un “niño” lo vas a ver como a un juego, porque incluso las personas mayores, hoy lo pueden llegar a ver así.
Es cuestión de saber disociar las cosas. A pesar de “gustar” de alguien o llegar a términos mayores y “enamorarse”, no olvidar de vivir lo que hay, porque mañana, puede no estar.